“Vas con la cabeza amorrada, porque si la levantas y miras a la lejanía piensas que es imposible llevar a las ovejas tan alto”. Daniel García, pastor desde hace medio siglo, cuando empezó con 12 años, sube desde la dehesa jiennense camino de la Sierra de Segura. Debe conducir a 700 ovejas hasta los 1.700 metros de altura para culminar la trashumancia de primavera. Una inveterada tradición que fue reconocida el pasado año por el Gobierno como Manifestación Representativa de Patrimonio Cultural Inmaterial con el objetivo de “salvaguardarla y protegerla”. “Las ovejas ya saben que estamos a punto de llegar, van como diablos de rápido”, apunta el pastor, ataviado con su boina y su garrota, como testimonio y testigo vivo del oficio.
